
Imagen + Concepto = Idea. O sea: (Clinton y Obama) + (Unity) = Unidad en el Partido Demócrata.
El día de hoy nos trae una nueva lección en marketing y comunicación política, y como no puede ser menos su origen están en USA. El interés de la organización partidista Demócrata y de los dos principales aspirantes a la nominación han confluído hoy en uno de los actos de comunicación política más inteligentes de toda la campaña desde que ya tenemos “aspirantes” nominados a la Casa Blanca por los dos principales partidos.
Tan perfecto es el encuentro que todos los actores pueden reforzar sus puntos débiles.
El Partido Demócrata recupera la solidez a poco más de 4 meses para las elecciones presidenciales, y lo hace incidiendo en su mayor temor y su mayor debilidad desde hace tres meses: la imagen de lucha intestina y fragmentación interna, proyectada a través de la larga y cruenta lucha entre los dos principales aspirantes a la nominación: Hilary Rodham Clinton y Barack Husein Obama. Además, el Comité Nacional Demócrata y su máquina partidista puede reforzarse de cara a recuperar punch en una de las más importantes deudas pendientes hasta noviembre: la capacidad del partido para recaudar dinero de los voluntarios y afrontar así la larga y carísima lucha que se prevee, por lo menos, en igualdad de condiciones con los republicanos.
Hilary Clinton es, quizás, la más beneficiada de todos porque puede atacar varios importantes frentes. Primero, y más importante, pagar las notabilísimas deudas que ha acumulado en su carrera por la nominación, y que los medios norteamericanos cifran en 22,5 millones USD $$$. Segundo, reforzar su posición en su lucha por una candidatura vicepresidencial, que reclama con voz queda pero firme, y que le ayudaría también a recuperar prestigio, oportunidades y recursos invertidos ya en la perdida nominación. Y tercero, mantener intactas sus oportunidades ante una eventual derrota del candidato demócrata en noviembre, ante un 2012 en el que Hilary tendrá ya una edad, pero no será en absoluto un handicap ante un John McCain gastado y envejecido que, aún ahora, es dudoso que pueda optar a una reelección a la que llegaría con 76 años y hacia los 80.
Barack Obama mete en un saco la posibilidad de reforzar sus mayores puntos débiles ante el electorado demócrata más fiel, al que necesita más que nunca tanto en las labores de fundraising como en las de organización y trabajo de campaña: por un lado, su dificultad de llegar y convencer a las clases medias y a los blancos de clase obrera (territorio exclusivo de Clinton durante todas las primarias), y por otro lado, el lastre que supone para su campaña social el “dar la impresión” de que es un candidato outsider con respecto a la principal maquinaria del partido -idea en gran medida vinculada al placet-Clinton, aún a pesar de los esfuerzos en contrario del partido.
Una imagen y muchas imágenes. Tan relevante es este acto que es un verdadero álbum de fotos el que tiene los medios para distribuír y reproducir. Clinton y Obama sonriéndose, acercándose, hablándose, apadrinándose… reproduciendo por activa y por pasiva que más que una sintonía es una total “compenetración” lo que hay ahora entre los dos antes-enemigos-y-con-proyectos-distintos.
Sin duda, el elevado número de fotografías es un elemento conscientemente buscado: la “reiteración” del mensaje disipa la posibilidad de que se piense en este acto como “una foto” (en el sentido más literal posible) y “una intención”. Se pretende aportar credibilidad y sinceridad, pues no es un momento en una foto, sino muchos momentos distintos a lo largo de todo el tiempo en que los candidatos están juntos. El elector las verá y verá que es una actitud de “complicidad sostenida”, y es que hoy sigue siendo validísimo aquello de “vale más una imagen que mil palabras”, si bien cabría añadir en este caso que “cuantas más imágenes, mejor”.







